Interés compuesto: qué es y cómo funciona, con ejemplos
Se atribuye a distintos personajes la frase de que el interés compuesto es la fuerza más poderosa del universo. Sea o no cierta la cita, la idea es correcta: el crecimiento que se apoya sobre su propio crecimiento acaba siendo mucho mayor de lo que la intuición sugiere.
La diferencia con el interés simple
Con interés simple, los intereses se calculan siempre sobre el capital inicial. Si inviertes 1.000 € al 5 % anual, ganas 50 € cada año, y tras 20 años habrás obtenido 1.000 € de intereses, con un total de 2.000 €.
Con interés compuesto, los intereses de cada año se suman al capital y empiezan a generar intereses a su vez. El primer año ganas 50 €, el segundo ganas el 5 % de 1.050 €, es decir, 52,50 €, y así sucesivamente. Tras 20 años, los mismos 1.000 € se convierten en unos 2.653,30 €. La diferencia con el interés simple, unos 653 €, procede únicamente de los intereses sobre intereses.
La fórmula básica
El capital final es igual al capital inicial multiplicado por (1 + i) elevado al número de años, donde i es la rentabilidad anual en forma decimal. Por eso, 1.000 € al 5 % durante 20 años son 1.000 × 1,05^20, que da 2.653,30 €. Cuando haces aportaciones periódicas, cada aportación crece durante el tiempo que le quede, y la suma de todas ellas se calcula con la fórmula de una renta constante. Para no hacerlo a mano, puedes usar la calculadora de interés compuesto.
La regla del 72
Una forma rápida de estimar cuánto tarda en duplicarse un capital es dividir 72 entre la rentabilidad anual en porcentaje. Al 6 %, tardará aproximadamente 12 años (el cálculo exacto da unos 11,9). Al 8 %, unos 9 años (exacto: 9,01). Es una aproximación, pero muy útil para ordenar ideas.
Por qué el tiempo pesa más que la cantidad
Como el efecto se acelera con los años, empezar pronto tiene un valor desproporcionado. Un ejemplo: 5.000 € iniciales y 200 € al mes durante 15 años al 4 % efectivo llegan a unos 57.900 €, con 41.000 € aportados. Los intereses, unos 16.900 €, suponen casi el 30 % del total. Si en lugar de 15 años fueran 30, el resultado no se duplicaría, sino que crecería bastante más que eso, porque el segundo tramo trabaja con un capital muchísimo mayor.
El efecto contrario en las deudas
El interés compuesto también actúa a favor del prestamista cuando tienes una deuda con intereses altos. Un saldo impagado que sigue generando intereses sobre intereses puede crecer rápido. Por eso, antes de ahorrar para invertir, conviene saldar las deudas más caras, como las de tarjetas con aplazamiento, cuyo coste suele superar de largo cualquier rentabilidad razonable.
Cuidado con las simplificaciones
Las proyecciones suponen una rentabilidad constante, lo cual no ocurre con casi ninguna inversión. Además, ni los impuestos ni las comisiones ni la inflación aparecen en la fórmula. Estas tres cosas restan rentabilidad real. Por eso, un buen ejercicio consiste en repetir la proyección con un tipo más bajo, restar los impuestos y comparar con la inflación esperada. Si el resultado sigue siendo satisfactorio, tu plan es robusto.
Cómo aplicarlo
La conclusión práctica se resume en tres hábitos: empezar cuanto antes, aportar de forma constante y mantener los costes bajos. Programa una aportación automática el día en que cobras, aunque sea pequeña, y auméntala cuando suban tus ingresos.